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Monet rehusa la operación.
Doctor, Ud. dice que no hay halos alrededor de las farolas de París y que lo que veo es una aberración provocada por la vejez, una enfermedad, Yo le digo que me ha tomado toda mi vida llegar a ver las lámparas de gas como ángeles, suavizar y confundir y finalmente desvanecer los bordes que Ud. lamenta que yo no vea, aprender que la línea que llamé horizonte no existe y el cielo y el agua, tanto tiempo separados, son el mismo estado de ser. Cincuenta y cuatro años antes de poder ver que la catedral de Rouen está construida por rayos paralelos de sol, y ahora Ud. quiere que restaure mis errores juveniles: ideas fijas de arriba y abajo, la ilusión del espacio tridimensional hiedra separada del puente que cubre.
¿Qué puedo decir para convencerle de que el edificio del Parlamento se disuelve noche tras noche para volverse el sueño fluido del Támesis? No regresaré a un universo de objetos que no se conocen entre sí, como si las islas no fueran los niños perdidos de un gran continente. El mundo es flujo, y la luz se vuelve lo que toca, se vuelve agua, lirios sobre el agua, por encima y por debajo el agua se vuelve lámparas lilas y malvas y amarillas y blancas y cerúleas, pequeños puntos que se pasan la luz solar tan rápidamente del uno al otro que haría falta tan solo un largo y sedoso cabello inserto en mi cepillo para atraparla. Pintar la velocidad de la luz! Nuestras formas medidas, estas verticales, arden para mezclarse con el aire y transformar nuestros huesos, piel, ropas en gases. Doctor, si tan sólo pudiera ver cómo el cielo atrae la tierra hacia sus brazos y cuán infinitamente se expande el corazón para reclamar este mundo, azul vapor sin fin.
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